No te podés despegar de tu teléfono. Y lo entiendo, Gabi. El luto es complicado. Pero ya pasaron 6 meses desde que nos dejó papá, y estás más de 10 horas al día con esa cosa. Te tiene hipnotizada y tenés que hacer algo.
Solías tener ideas buenas, y lo digo siendo completamente honesto. Incluso si no terminaban en nada –o nada que según vos sea digno– siempre eran por lo menos interesantes, o complejas, u originales, o cualquier adjetivo que te haga ver lo que era tu escritura. Te gustaban tus ideas, y sabes que eso era porque eran buenas. Y solo era cuestión de tiempo hasta que esa cabecita tuya eligiera alguna de todas esas para enfocarte de verdad en ella y traer su historia al mundo. Querías verlas triunfar, y que el mundo las ame justo como vos lo hacías.
Lo malo fue el momento en el que finalmente te dignaste a empezar: 1 mes antes del ACV de papá. Si fueras una escritora Normal ya habrías empezado a hacer gran parte de la obra en 1 mes, pero no sos Normal. Sos una perfeccionista, Gabi, y muy quejosa, y muy quisquillosa. Querías hacer todos los preparativos antes de empezar. También tenías miedo o paja de empezar, pero también te estaba gustando poner todas tus ideas en un mismo lugar, y ordenarlas para poder sacarle el máximo provecho antes de empezar a escribir la obra en sí. Pero nunca lo hiciste. Después de que papá se fue, estuviste dos meses cansada, y triste, y sin darle atención a nada ni a nadie, ni a tus proyectos. Y eso estuvo bien, Gabi, pero para el momento que ya habías empezado a sanar, y podías continuar tus cosas tranquila, no había nada que continuar. Lo único que viste era como todavía no habías comenzado, lo viste como un fracaso y lo dejaste.
Estos días, estás solamente con ese teléfono, día y noche. Cada mañana te levantas y haces lo mismo que ayer. Casi no sabes si está soleado o nublado afuera, y no tenés ni la más mínima noción del día de la semana –a menos de que estés esperando un capítulo de una serie, o peor, un video de Instagram.
La verdad, Gabi, es que te estás pudriendo. Es culpa del teléfono, y también tuya por dejar que te haga esto, y vos lo sabes y te duele. Sabes que esto no es lo que vos queres, ni lo que hubiera querido papá. Sabés que no estás haciendo nada. El colchón cada vez se hunde más en la forma de tu cuerpo, porque si ni siquiera te dignas a hacer la cama, menos vas a dar vuelta el colchón. Solamente te acostas ahí periódicamente, y no tenés a tú mamá para que te saque de la cama –está trabajando turnos dobles– Y con las vacaciones no tenés ni siquiera la obligación de por lo menos levantarte para ir al colegio. Y si fueras al colegio, no podrías prestar atención a nada de las clases, y no aprenderías nada por culpa de lo frito que está tu cerebro. Ya no podés estar haciendo algo por una hora porque te aburre, y saltás continuamente de aplicación en aplicación para evitarlo. El otro día viste una película entera sin cambiarla, y lo sentiste como un logro y por el amor de dios, Gabi, es una película. Las que vos veías como pasatiempo. Las que incluso pensabas que eran una pérdida de tiempo, y pudieron haber llegado a serlo, pero por lo menos no lo son en comparación a lo que estás haciendo ahora. Antes por lo menos sacabas ideas de las películas y series que veías, e incluso criticabas las que no te gustaban, y que según vos ejecutaban su concepto de manera errónea, y deseabas poner tus manos sobre esa
excelente idea y hacerle justicia. Esas eran las mejores, pero ya no haces nada de eso. Ahora las sentís como una tarea, algo que haces para no desacostumbrarte.
Por lo menos, de a poco te das cuenta, y ahora caiste en lo patetico que fue que te cueste terminarte un policial de Netflix de hora y media como si fuese una pelicula Bielorrusa en blanco y negro. También te duelen las piernas de no haber caminado más que para ir al baño y a la cocina y volver a la cama en los últimos 3 días, y tenés la maravillosa idea de estirar las piernas yendo a caminar un rato.
Gracias por decidirte a hacer algo decente con tu extremadamente libre tiempo, pero por lo menos podrias haber dejado el puto telefono en casa ¿No? Ahora estás caminando en la vereda, forzandote a disfrutar el lindo día que hace, intentando no pensar en como te esta llamando para prenderlo y volver a él y que te reciba con las piernas abiertas.
Solamente concéntrate en lo que te fijabas antes cuando salías: el olor del pasto recién cortado, el calor de los rayos del sol pegándote en la piel, los pajaritos cantando, como tu cuerpo recibe el aire fresco que respirás. No pienses en tu teléfono. Dejá de esperar una vibración que provenga de él. Ni siquiera estás esperando algo en especifico. No te importa si es una de tus amigas mandando un reel de mierda, o que un chino está atacando tu aldea, lo único que querés es dejar de estar donde estás y desbloquear el teléfono y ¿que tan fracasada podes ser, Gabriela? si seguís así no vas a llegar a nada. Te acordás de las palabras de papá: “Es todo culpa de ese celular” y ahora sabés que tenía razón, incluso si hiciste berrinche y lo defendiste en el momento. Te está matando, y dentro de poco ya no te vas a dar ni cuenta y todos tus días van a ser el mismo pero con diferentes videitos y no vas a cumplir ninguna de tus metas y ni hablar de tus sueños y vas a ser un fracaso como por dentro siempre supiste que lo ibas a ser y vas a decepcionar a papá y acabas de tirar el teléfono por lo menos 50 metros y acaba de reventarse contra el piso.
Eso está mucho mejor. Es el primer paso. Y lo sabes, porque te sonreís a vos misma por tu conjunto de picardía, arrepentimiento, y vergüenza de lo que acabas de hacer, pero sos libre, Gabi. Libre.
Ya pasó un mes, Gabi, y tengo que decir que estoy totalmente orgulloso de tu progreso. Después de decirle a mamá que te habían robado el teléfono como excusa por la ausencia de éste –que no fue la mejor idea, considerando lo preocupada que se puso– la convenciste de que no trabaje hasta que se le caigan los dedos para comprarte uno nuevo, porque no necesitas uno nuevo. Empezaste a usar el J2 Prime viejo que tenias de chiquita, porque sabes que un celular decente es demasiada tentación, y no querés recaer. Solamente lo usas para los mensajes y algún ocasional vídeo o información que necesites para escribir.
Y estás escribiendo de vuelta, Gabi, y me está haciendo muy feliz. Empezaste de nuevo con la obra, hasta que te diste cuenta que simplemente no es lo que querías, aunque tampoco sabes qué es lo que querés. La terminaste descartando, pero no como la última vez. No, esta vez no lo ves como algo malo. Fue práctica para algo más grande y mejor y que es algo que verdaderamente querés.
Estás en camino a eso, y claramente no es fácil seguir el camino de salida de una adicción, y obvio que hay pequeños tropezones acá y allá (como ayer y esa hora de hipnosis/Youtube
Shorts) pero lo estás haciendo excelente. Quizás algún día también puedas dejar de disociar de vos misma, y dejar de hablarte en tu cabeza como si fueras otra persona. Quizás algún día puedas. Lo que hoy podes hacer es seguir este camino, y lo vas a hacer. Porque te quiero ver triunfar. Cumplir todo lo que siempre quisiste. Porque te amo, Gabi… no.
Porque me amo, Gabi.
Un escrito de Felipe Becerra
absolute cinema👏👏
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